Desde mis inicios como estudiante de teatro en 2001, he sentido el impulso de investigar distintas formas de expresividad. Mecanismos, repeticiones y trayectos que se transforman en una partitura poética: un entramado de significados puestos al servicio del público.
Concibo la dirección escénica, ante todo, como un salto al vacío. Muchas veces una no sabe exactamente hacia dónde va ni en qué derivarán todas las propuestas creativas que aparecen durante el proceso. Primero llega la tormenta: la acumulación de imágenes, ideas, impulsos y materiales. Después se aproxima la calma, la selección, el modo de ordenar, diagramar y estructurar. Surge entonces la pregunta sobre cómo contar algo: una historia, una sensación, una presencia que poco a poco va tomando forma desde su propia esencia.
Por más claridad que exista respecto al material que se quiere abordar, considero fundamental atravesar un momento de caos creativo. En ese territorio incierto aparecen desvíos inesperados, giros que transforman el rumbo inicial y abren posibilidades que antes no imaginábamos. Como en la vida misma, es necesario permanecer atentas al imprevisto y estar disponibles para improvisar frente a lo desconocido. Allí reside también parte de la magia y de la potencia de la creación: en la capacidad de sorprendernos.
Programa de públicos específicos, payasas de hospital, con apoyo a la producción del Instituto de Cultura de Aguascalientes. México. 2018
Acompañamiento en procesos de creación escénica, teatro físico, clown, dramaturgia corporal y proyectos comunitarios.